Rutas Asturianas os da la bienvenida a este área de descanso ubicada dentro de la mayor autopista de la información. Queremos contagiar la pasión y el respeto que sentimos por la Naturaleza. Compartiendo con vosotros toda la belleza a la que estamos sometidos y nuestras experiencias en la montaña de esta histórica tierra. Junto con todas y cada una de las rutas que paso a paso iremos completando en este Paraiso Natural llamado Asturias.
Hoy fuímos al Pico Turbina pero debido al tiempo abandonamos la ruta a las 2 horas de empezar a caminar , por lo que decidimos aprovechar el día , ya que estábamos por la zona de Llanes , fuímos a ver Los bufones de Pria y la cueva de cuevas en Ribadesella.
Aquí os dejó un video que encontramos de los bufones de Pria ya que el nuestro aunque hacia un día de perros la mar estaba tranquila , así que os dejo el video de esta gente que fue uno de los mejores que vimos en youtube.
Hoy nos dirigimos a Tarna para subir el picu Remelendi el cual vemos a la derecha nada mas llegar.

No hay perdida posible lo que si hace un viento que corta, por lo que el Mongayu (1849 m.a.) lo dejaremos para otra ocasión.








En unas 2h y media ya estabamos en el bar tomando algo caliente, para despues ir a coger agua a la Nalona.
Hoy empezamos nuestra caminata sin la compañia de nuestro guia y escritor Josipu,nos vamos a dirigir a uno de los picos mas representativos del parque natural de Redes ,el Picu Torres (2120msmn) en San Isidro.



Aparcamos en la Raya enfrente del bar donde hacemos la primera parada de la mañana para tomar un cafe y preguntar cual es el mejor camino para realizar la ascension.



Asi que sin mas preambulos nos dirigimos hacia nuestro primer objetivo ,el cual al final del canal se ve bloqueado por grandes urcias y nos obliga a pasar por otro lado.

El mejor camino para llegar a la base del picu Torres es el que va siguiendo el canal de un rio que tiene muy poca agua y asi evitaremos el suplicio que sufrimos al subir con urcias por encima de nuestras cabezas.

La ultima parte de la ascension la tenemos que hacer por la parte de atras del Torres ,llegando a la cima en 3 horas sin disfrutar mucho de la cima debido a la niebla que se empezaba a formar.

Para el camino de vuelta en vez de volver por el mismo recorrido bajamos por el canal Torres hasta la base y asi evitamos rodear el picu.
Siguiendo el canal del agua bajamos sin problemas hasta la Raya en 1h 30 min ,con la satisfacion de haber llegado a la cima.

Érase una vez la historia de dos montañeros, que salieron de casa con el propósito de encumbrarse en la cúspide del Cuetu Negru

y acabaron en la del Cantu del Oso.

El periplo de nuestros protagonistas da lugar en un camino de tractores que parte de algún lugar de la carretera AS-17 Avilés-Puerto de Tarna.

Encontraron la puerta a su aventura en una señal de prohibido circular que tenía una marca de pintura amarilla y blanca,

señal inequívoca que indica el acceso directo a una de las innumerables aventuras que ofrece la madre Naturaleza.

A nuestros amigos no les costó detectar la marca, solo visible a ojos de los seres iniciados, que se encontraba entre el mirador y el pueblo de Tarna.

Con la niebla matutina acumulada en la zona, y un cielo prometedor en segundo plano,

estos dos personajes comienzan su viaje obviando el primer desvío que surge a su izquierda, y continuando hasta situarse a la vera del río Nalón.

Tras cruzar el río por el metálico puente, se encontraron con algún pequeño repecho que se alternaba con tramos sin desnivel, perfectos para volver a llenar de aire sus pulmones.

El escenario arbóreo que los cubría en esta primera parte del trayecto, solo era el preludio de la inapelable belleza que los iba a acompañar durante todo el relato.

Ignorando los desvíos que surgían a derecha e izquierda, y después de tan solo 30’ de marcha, alcanzaron la inconfundible majada de La Ablanosa.


Este remanso de paz goza de una buena fuente y unas cabañas en un perfecto estado de salud.

Fue en este enclave donde la mole cuarcítica y negruzca que conforma el Cuetu Negru se dejo ver entre la niebla, con un aspecto fantasmagórico capaz de encandilar al más exigente montañero.

Continuaron paso a paso dejando atrás la luminosa majada, sin abandonar el camino principal,

hasta que vieron un indicador de madera que ponía “a la vega”.

Al lado de este poste de madera nace un sendero que sumergirá a los dos intrépidos excursionistas en un lugar mágico y especial, en el que el tiempo pareciera detenerse.

Este extraordinario lugar responde al nombre de Faucao, y no es otra cosa que uno de los más fabulosos bosques que se puedan recorrer.

Aislados del implacable sol que dominaba la mañana e imbuidos en la peculiar atmósfera que los envolvía,

avanzaban por el bosque escoltados por la inagotable imaginación de los árboles a la hora de desarrollarse en este pequeño pulmón Asturiano.


Una hora más necesitaron para atravesar el bosque animado de Faucao.

Lo hicieron sin apenas darse cuenta, ya que el ambiente hipnotico y fresco que cubre Faucao es inmejorable.

La imagen que se abrió ante ellos a medida que el bosque se difuminaba bien les pareció una alucinación.

Se dijeron si sería cosa de brujas al ver que, tras superar el bosque, una inmensa y herbosa pradera apareciese ante sus ojos.

La Vega Pociello brilla con luz propia, es un oasis en el mundo caótico que vivimos, y así lo saborearon nuestros aventureros.

Mientras reponían energías disfrutaban puerilmente de las imponentes montañas que flanquean la Vega.

A la izquierda el desafiante Cuetu Negru y a la derecha el atractivo crestón rocoso del Cantu del Oso.

Estuvieron un rato intentando localizar algún camino que les acercase a las faldas de la mole negruzca, pero la densa vegetación que cubre el monte por esa zona, hacía imposible localizar acceso alguno.

Así que, tras un momento de reflexión, decidieron dirigirse a los collados que forman el embudo de los montes que resguardan la Vega.

Para ello dejaron Pociello a sus espaldas,

cruzaron el río, y se subieron a lomos de uno de los senderos que,

entre una frondosa arboleda, urcias y felecho,

remonta los retorcidos y duros recuestos hasta los collados.


A cada paso que daban la duda se acentuaba, veían el Cuetu Negru en lontananza,

y al contrario, el Cantu del Oso, se insinuaba con unos cantos de sirena inapelables.

No sabían si consciente o inconscientemente pero sentían una fuerte atracción hacia el Cantu del Oso, semejante a la de los polos opuestos de dos imanes.

Tardaron desde Pociello 1h. en alcanzar los collados, y una vez lo hicieron, no vacilaron en la dirección que tomarían.

El Cantu del Oso ganó la puja por mayoría, no sin antes deleitarse con la sensacional vista del Valle del Monasterio y el Valle de Pociello.

Con las máximas existencias de ilusión, los dos excursionistas retomaron la marcha cruzando otra collada, hasta sentir el calor de la caliza que rozaba sus pies.

Se abrió ante ellos por primera vez la esplendorosa visión de la Vega de Brañagallones.

Esto les indujo la fuerza necesaria para, en poco más de 45 minutos desde los collados,

encumbrarse en los 1800 metros sobre el nivel del mar del Cantu del Oso.

Disfrutaron en la atalaya de una panorámica excepcional.


Se sentían más que recompensados por la caminata y cobraron la recompensa en forma de tiempo,

tiempo que se tomaron absorbiendo la energía de las cercanas montañas que se postraban ante ellos.

Visto desde arriba el crestón calcáreo era aún más espectacular,

y una protuberancia de ese crestón llamó la atención de nuestros dos protagonistas.

Abandonaron la cima con curiosidad,

ya que el pico que sobresalía les parecía que estuviese un poco más alto que el que acababan de visitar.

Así que sin más preámbulos pusieron rumbo a él,

acercándose en pocos minutos y tardando otros pocos más en coronar su cima.

El pico respondía al nombre del Porrón y se distanciaba del nivel del mar 1812 metros,

siendo necesaria una mini trepada para alcanzarlos.

Reconfortados por tan grata aventura,

y con los ánimos a rebosar, deciden iniciar el descenso bajando campo a través hasta la Vega Pociello.

El descenso, si cabe, todavía les resultó más ameno, bajaron por donde pudieron, saliéndose de la línea recta solo cuando el terreno los obligaba.


Esto les llevó a internarse en un pequeño bosque de gran belleza.



Dos o tres caídas fue lo que tardaron en cruzarlo.


Y a su fin les esperaba de nuevo la desestresante Vega Pociello


junto con un gran comité de anfitriones equinos muy sociables,

que les dieron la bienvenida a sus pastos de manera inolvidable.

Los caballos, como hechizados, acudían a la llamada que emitía en forma de susurros, el más joven de los dos protagonistas.



Después de una pequeña charla con los formidables ejemplares, decidieron que antes de entablar el regreso a casa, les regalarían a sus estimados pies un merecido masaje acuático en el gélido río de Pociello.

Solo tardaron unos minutos y la sensación placentera que experimentaron parecía mano de la providencia.

Tardaron lo necesario en reanudar el camino de ida, lo hicieron por el mismo sitio,

y de la que volvían a pasar por la Ablanosa, se despidieron del Cuetu Negru, pero no con un adiós, sino con un hasta luego.

Colorín colorado esta ruta se ha acabado.
2 Km. después de rebasar la estación de esquí de San Isidro con dirección Lillo,

nace a la margen izquierda de la carretera una ancestral pista de montaña que enlaza la venta de San Isidro con la aldea de la Felguerina.

Dícese de esta pista que remonta sus orígenes al extinguido imperio romano.

Y que posteriormente sirvió de enlace comercial para los arrieros que porteaban en ambos sentidos los preciados productos de la tierra.

Hoy en día esta pista, desde su comienzo hasta su final, tanto monta-monta tanto,

es para el montañero un paso estratégico hacia un pequeño paradigma de la biodiversidad Asturiana.


Dejamos atrás el espeso mar de nubes y niebla que cubría la carretera de acceso al puerto de San Isidro,

encontrándonos con un cielo inmaculado que techaba aisladamente el Valle de Wamba.

La niebla amenazante, rodeaba la zona con descaro, aunque las ingentes montañas que forman el circo del valle,

manteniendo una lucha encarnizada, retenían la masa nebulosa y blanquecina en una ardua labor.

Inmersos en este magnífico escenario, comenzamos la pateada que,

en poco más de una hora desemboca en la collada Acebal (1730 msnm), divisoria autonómica entre Asturias y Castilla León.
Unos metros atrás de este lugar, abandonamos la pista en busca de uno de los senderos que,

con rumbo oriental, o derecha,

nos conduce por un terreno mixto de hierbas y pedreras hasta el collado de Agujas (1842 msnm).


Esta extensa depresión está flanqueada por nuestro objetivo al norte

y el pico la Rapaína al sur.
Encaramos la corta ascensión que nos separa de la cúspide,

afrontando el pequeño repecho que nos acerca hasta los abultados resaltes calcáreos que protegen la volada cima.

Sin ninguna dificultad ya que el sendero llega prácticamente hasta la cima y con poco esfuerzo,



alcanzamos la cumbre de la Peña del Viento,

engalanada con este lustroso buzón montañero,

y que se alza 2000 metros sobre el nivel del mar,

después de superar las 2h. y 15’ de relajado pateo que separan el coche de esta gratificante atalaya.

En esta ocasión el Parque Natural de Redes, Brañagallones, el murallón del Cascayón

y los montes del Contorgán, entre otros, se ocultaban tras la niebla,

mostrándonos un paisaje sin apenas relieves,

pero con un encanto capaz de encandilar a los allí presente hasta límites insospechados.

Sin poder alargar la aventura debido al poco tiempo del que disponemos nos despedimos de la Peña del Viento

con pesar, por no poder acometer la cercana ascensión a la Rapaína,

aunque reconfortados por los 2000 metros que pusieron a nuestros pies las mullidas praderas

y los suaves planos que conforman el reconfortante Valle de Wamba.

El regreso lo emprendemos por las huellas de la ida,

mientras la niebla, que cortésmente nos respetó en la primera parte del trayecto,
invadió la zona en segundos mientras desandábamos nuestros pasos.

Con el valle cubierto por momentos,


regresamos al punto de partida tras realizar esta fácil y sencilla ascensión,

que por un mínimo esfuerzo nos hace alcanzar las más altas cotas de felicidad.

En el último domingo del inestable mes de julio, acometemos una relevante ascensión, que nos separa en su punto más alto, 2417 metros del nivel del mar.

Esta monumental atalaya es la más significativa del esplendoroso parque natural de las Ubiñas,

y también alberga el honorable titulo de ser el techo del municipio Lenense.

Comenzamos la andadura desde el refugio de pastores Casa Mieres (1595 msnm), situado en el puerto de los Navares.

Accedemos a este impactante enclave por la carretera A.66 Mieres León.

Abandonamos la autopista con dirección Campomanes, para en este pueblo optar por la carretera LE.8 Campomanes-Puerto de la Cubilla.

Remontamos todo el asfalto superando los pueblos de Tuiza de abajo y arriba,

y continuamos por el intrincado scalextric que conforma la serpenteante carretera, hasta depositarnos junto a una gran valla metálica que,

tras franquearla continuaremos por la pista de la derecha que finaliza en nuestro campamento base, La Casa Mieres.

El embriagador paisaje que acoge al refugio es un regalo para la vista y la mejor panacea para los momentos apáticos.

Las inmensas y mullidas praderas hipnotizan al excursionista con sus inagotables tonos verdosos.

El ganado vacuno y el equino son los principales protagonistas de esta prospera tierra.
En ellos se ve reflejado la calidad de los pastos,

ya que las formidables hechuras de los magníficos ejemplares que se reparten la zona, confirman la inmejorable calidad de vida a la que se ven sometidos.

Por encima del refugio parte un sendero señalizado con pintura amarilla, en ocasiones en forma de equis, que con dirección netamente septentrional se adentra en el Valle de Cantarilla y su reducido embalse.

En este embalse la naturaleza nos premia con la presencia de una hembra de pato que cría en este lugar todos los años, acompañada de sus graciosas crías y en una formación marcial perfecta e inconfundible.

Desde el inicio de la pateada un amabilísimo pastor octogenario que iba a controlar el ganado montado en su burra,

nos acompañó durante la primera parte del trayecto, a la vez que, con la elocuencia de un historiador,

nos relataba didácticamente la nomenclatura de los montes de la zona y las batallas que se terciaron en la tierra que pisábamos, Riotuertu.

Varios de los amplios agujeros que diseminan el terreno fueron causados por las implacables bombas que sobrevolaban la histórica zona,

tal cual lo hacen los buitres cuando planean los cielos en busca de la preciada carroña.

Desde el embalse continuamos la marcha siguiendo las marcas que nos sumergen en el Valle Angosto,

bordeando el pico Cuesta del Caballo (1997 msnm), para desembocar por la collada siguiente en la Vega de los Ollones.

Atravesamos los Ollones para enfrentarnos al recuesto de los roqueros de El Estrecho.



Superado este lugar alcanzamos en poco tiempo las extensísimas praderías que se reparte los puertos de Riotuerto o Rutuertu.

Desde aquí comenzamos a atisbar por la izquierda, a la pequeña de las Ubiñas (2197 msnm),

y el arranque por la derecha del crestón rocoso del pico Cerreos (2101 msnm).

Los animales que saboreaban estos pastizales eran innumerables,

igual de innumerables que las estrellas que saborean los cielos que nos cobijan.

Ganando metros al valle pastoril nos escoramos a la izquierda hasta ganar la collada el Ronzón (1942 msnm).

Esta depresión del terreno está flanqueada por la hermana menor de la Ubiñas a la izquierda,

y la primogénita a la derecha.
En este lugar se entronca el camino que procede de la Casa Mieres con el sendero procedente de Tuiza de Arriba (1210 msnm).

Después de una pequeña parada que aprovechamos para calibrar la ascensión al coloso calcáreo, emprendemos el pateo que nos separa de nuestro objetivo.

En la collada el Ronzón existe una rudimentaria valla que delimita los pastos, hemos de atravesarla por la portilla que franquea el paso,

y continuar a la vera de la valla sin cruzarla, hasta encauzar un marcado sendero que se arrima contra el aspero crestón de la Carba (2008 msnm).

Seguimos el sendero que, a medida que gana metros a la montaña se irá difuminando bajo nuestros pies,


para encarar el resto del camino tras el rastro de los hitos

( pequeñas pirámides de piedras colocadas por los montañeros), que señalizan la ascensión.

Ascensión híper entretenida que, sin tramos expuestos o aéreos,

nos obligará a usar las manos por los innumerables canalizos superpuestos,

agujas y pedreras que conforman la antesala del coloso calcáreo.

Paso a paso alcanzamos la escabrosa crestería de las Vallinas

y comenzamos a tomar contacto con los espolones calizos que nos acompañarán hasta la cumbre.

Continuamos nuestro peregrinar hasta la cima,

alcanzando la cresta cimera que culmina en la cúspide de esta inigualable balconada.


Y por fin, después de 2h y 30’ de sosegado pateo coronamos esta gratificante montaña, decorada con un mojón geodésico,
dos buzones y varias placas conmemorativas

que rememoran a los montañeros que han perdido la vida escalando la peña en diversas circunstancias, desgracias casi siempre en época invernal.

La recompensa que aguarda al excursionista en el techo de Lena,

es desproporcionada comparada con el exiguo esfuerzo que se ha de realizar.

En un día como hoy, en el que el cielo no muestra mácula, los horizontes se extienden mucho más de lo que la vista abarca.

Las montañas Palentinas del alto Carrión, así como la Sierra del Teleno, la Sierra de la Cabrera, la Peña Trevinca entre Orense y Zamora,

amén del resto de las montañas vecinas como el Siete, Puerta de Arco, Los Castillinos y los Fontanes

además de los omnipresentes Picos de Europa, son solo una muestra de la espectacular postal que brinda la mayor de las Ubiñas.

Abandonamos esta majestuosa montaña por las huellas de ida,



después de dos revitalizantes horas en la cumbre acompañados por el resto de enrollados montañeros que disfrutaban del coloso.


Como posdata rezar la impagable imagen que nos brindaron decenas de buitres que, hinchados como Falete,

LOS BULTOS QUE SE VEN AL FONDO SON LOS BUITRES DANDOSE A LA FUGA.
y sin poder apenas levantar el vuelo, engullían los restos de los cadáveres de una vaca adulta


y un ternero,

LOS BUITRES ESCAPAN COLINA ARRIBA, ESO SI, DANDO SALTOS.

que pasaron a mejor vida aportando el alimento necesario al último eslabón de la cadena alimenticia, los carroñeros.

La montaña perfecta o Tiatordos, es el eslabón más relevante de los 16 kilómetros que conforman el sistema montañoso del cordal de Ponga.

El pico de las 2 caras muestra por su perfil más occidental una pedregosa y empinada ladera que, aunque costosa,

permite al montañero encumbrarse en la cúspide de esta impresionante mole calcarea.

Su perfil más oriental es otra historia, bajo la cima del Tiatordos se abre un circo llamado La Copa,

formado por murallones inexpugnables de 500 metros de caída vertical.

Los vertiginosos paredones que exhibe la vertiente de Ponga,

junto con la omnipresente montaña que decora la vertiente Casina,

conforman esta colosal atalaya, que será, para el día de hoy, nuestro objetivo.

Acometemos la ansiada ascensión por la ruta más usual, desde Pendones,

al que accedemos por la carretera AS.17 Avilés-Puerto de Tarna.

Después de rebasar el pueblo de La Foz, nos desviamos a la izquierda por una carretera bien señalizada, que desemboca en nuestro campamento base, Pendones (782 msnm).

La mañana se presentaba estival y el cielo que la cubría inmaculado, aunque solo fue una ilusión para recibirnos,

ya que camuflaba el denso techo de nubes que iba a cubrir el cielo durante el resto del día.

Desde el aparcamiento tomamos una pista asfaltada que asciende paralela al río Pendones.

El Tiatordos desde aquí se alza desafiante y enmascara la engañosa distancia, 4,5 kilómetros, que nos separa de él.

El camino esta balizado bajo el PR-AS.65, ruta del Cordal de Ponga,

y nos ayudará a seguir el trazado hasta la base de la montaña perfecta.

Siguiendo las marcas senderistas, el asfalto dará lugar a la tierra, y tras cruzar un puente,

topamos un crucero que a la derecha, profundiza en la pista de Congostín.

Obviamos esta dirección y abordamos la pista que gira a la izquierda, dirigiéndonos al reguero de Falla.

Remontando brevemente un trecho por esta pista,

nos damos de bruces con otra encrucijada que, en esta ocasión, salvamos a nuestra derecha.

Superado este tramo los posibles errores orientativos se atenúan,

ya que el resto del itinerario no implica pérdida.

Alcanzamos ahora un enclave excepcional, el Sen de La Vara,

aquí vagamos a la sombra de diferentes especies arbóreas,

como castaños, hayas y robles, que de manera inusual conforman el vallado que flanquea el camino.

Rebasado este idílico lugar, accedemos al inicio de La Foz del Palombar, presidida por los picos El Arcu y Palombar.
Haciendo acopio de todas nuestras fuerzas,

acometemos la dura ascensión que discurre,

por un sendero bien definido y emparedado por los dos contrafuertes calizos.
Superado el intenso desnivel dejamos a nuestras espaldas la angostura del Palombar,

para encararnos con el llano que acoge la majada del Pláganu.
Una buena fuente y los restos de antaño de cabañas pastoriles,

junto con el pequeño vergel donde resaltan ejemplares centenarios de hayas, forman un oasis incorrupto de paz y tranquilidad.
El helecho en esta zona y por esta época,

forma frondosas selvas, por las que el sendero se muestra bien definido.

Retomamos el camino que continua con fuertes repechos, atisbando en poco tiempo la peculiar fuente de la majada Palombar,

donde aprovechamos para refrescar los ánimos y observar nuestro calcáreo objetivo.

Nos introducimos ahora en la penumbra del bosque, en continua ascensión,

para paso a paso superar los últimos metros que nos separan de la diáfana majada del Tiatordos (1540msnm. 4Km. y 2h y 10’).

Este espacio abierto esta configurado por varias cabañas y una fuente, todo ello bajo los pies de la desafiante peña.
Tras un rápido piscolabis, y siguiendo las amables indicaciones de un joven pastor,

enfilamos la ascensión final escorados a la izquierda de la montaña.

Son varios los caminos hiteados que superan los canalizos que nos acercan a la cumbre,

aunque como el buen pastor decía, con rotundidad meridiana,

el mejor y menos costoso es el que acaricia la montaña por su flanco izquierdo.
Sin apoyar las manos y rodeados de hitos

ascendemos la rocosa ladera entre llambrias y vegetación,
para sin apenas dificultad,

salvando la inclinación,

situarnos en una pequeña vaguada que nos muestra próximo nuestro objetivo.
Objetivo que alcanzamos tras 3h y 30’, contando las paradas,
y después de superar los intensos 4,5 Km. que separan Pendones

de los 1951 metros sobre el nivel del mar de la cima del Tiatordos.

ESTE PRECIOSO EJEMPLAR DE PASTOR ALEMAN ES NATURAL DE PENDONES. ACOMPAÑO HASTA LA CIMA A DOS EXCURSIONISTAS QUE COMO NOSOTROS, PARTIERON DESDE SU PUEBLO.
Aún con el cielo plagado de amenazantes nubes, las panorámicas que brinda esta cumbre son inmejorables.
La rasa costera Asturiana, los picos cercanos como el Maciéndome, La Carasca, El Campigüeños,

la perenne cascada del Tabayón del Mongallu, al cobijo del Cuetu Negru, El Cantu del Oso,

los puertos de Tarna y San Isidro, y como no, la capital pongueta, San Juan de Beleño,

son solo unos pocos ejemplos de los que pone a disposición del visitante esta gratificante montaña.
Si hay suerte y la adversa climatología Astur lo permite,

el agudo perfil de las agujas que configuran el macizo occidental, o del Cornión,

de los Picos de Europa, se mostraran a tiro de piedra ante el sorprendido excursionista.
Un vértice geodésico, un buzón

y un monumento en forma de pico de hierro, en el que reza una leyenda a modo de homenaje al montañero,

aderezan esta balconada de la que nos despedimos desandando nuestros pasos por las huellas de ida,

embargados por la satisfacción y plenitud causadas por tan relevante aventura.

El MUJA se levanta en un terreno alto desde el que descubrimos unas vistas magníficas del litoral oriental de la región. Se convierte en un mirador omnipresente del paisaje jurásico que hay a sus pies y que ha decidido catalogar y archivar. Así que el primer mérito del museo lo encontramos desde esta posición, en el exterior, contemplando la panorámica marítima que se abre a nuestros ojos.
Su singular arquitectura en forma de huella tridáctila le concede su segundo mérito y abre muchas expectativas más. Una vez dentro contrastamos que el interior es igual de espectacular, con espacios amplios y diáfanos en los que tiene cabida una era importante en la vida del planeta tierra: el Mesozoico, incluyendo el periodo Jurásico en el que habitaron los dinosaurios. Caminamos por sus pasarelas elevadas y quedamos prendados de las réplicas (una veintena) que llenan el espacio. La escena central representa a una pareja de tiranosaurios copulando. Superan los 12 metros de altura, y si tuvieran carne superarían las 10 toneladas de peso.
Encontramos otras réplicas grandilocuentes, como la del Gigantosaurio, el mayor de los dinosaurios carnívoros conocidos, perteneciente a la fauna argentina. También vemos un Deynonichus (Garra terrible), un animal jurásico emparentado con las aves y paradigma de los depredadores.

Estos colosos son una analogía a las claras de la envergadura del edificio, cuya superficie total entre la planta primera, la baja y el sótano se acerca a los 5.000 metros cuadrados. La impronta del dinosaurio queda también reflejada en las tres inmensas bóvedas de planta elíptica que hacen de techo de la instalación. Una garra enorme para atraparnos dentro por un buen rato.
La colección fundacional del MUJA está compuesta por unos 8.000 ejemplares de fósiles procedentes exclusivamente del Jurásico asturiano. La muestra se articula en cuatro núcleos principales: icnitas de dinosaurio (unas 150 huellas extraidas del litoral de la región), restos de vertebrados (200 restos de dinosaurios, cocodrilos, tortugas y peces), fósiles vegetales (103 muestras de restos vegetales y 11 fragmentos de troncos de gran tamaño) y elementos de invertebrados (más de 6.000 ejemplares de ammonoideos y braquiópodos). El ritmo de crecimiento de las piezas que componen la colección se presume alto. Hasta la fecha ha crecido anualmente en una media de 30 grandes ejemplares y más de un millar de pequeños. La aparición del MUJA, en su vertiente de investigación y académica, con personal e infraestructura propia para las prospecciones, tal y como reclamaban los expertos, hace pensar que los hallazgos irán en aumento sin ninguna duda.
La costa jurásica asturiana venía reclamando desde hace varios años una institución museística de este tipo, un inmueble amplio y atractivo que concediera verdadero valor a los hallazgos continuados durante años. Los investigadores también venían reclamando más medios y planificación en el estudio; aseguraban que con apoyo oficial se podría otorgar a esta costa el título de mejor yacimiento Jurásico de Europa. De momento, la Costa Jurásica está a la espera del distintivo de Patrimonio de la Humanidad que concede la UNESCO.
Museo del Jurásico de Asturias
Rasa de San Telmo, San Juan de Luz (Colunga)
Tel. 902 300202 (Infoasturias)
Abierto:
Temporada alta (Semana santa 15/7 – 15/) todos los días de 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00
Temporada baja de miércoles a domingos de11.00 a 14.00 y de 16.00 a 18.00
Cerrado lunes y martes
Hoy, realizamos una aventura memorable que nos adentra en el macizo más occidental, o del Cornión, del Parque Nacional de Picos de Europa.

Montamos el campamento base en el aparcamiento de Pan de Carmen (1070 msnm),

ubicado al final de la pista de tierra que nace en el flanco izquierdo del gran lago Enol.
Hay que decir que la niebla y los momentos de lucidez del sol, junto con las agotadoras carcajadas que manaban por nuestras bocas,

causadas por los neófitos que nos acompañaron por primera vez,

fueron la salsa que aderezó la pateada a esta reconfortante cumbre.

Emprendemos la marcha desde el aparcamiento, encaminándonos directamente hacia el pozo del Alemán.

Atravesamos el puente sobre el río Pomperi,

y seguidamente acometemos un suave remonte por medio de un amplio camino jalonado de hayas,

que discurre por las herbosas majadas de Vega la Piedra,

Conraso y la Rondiella,

hasta encumbrarse en el collado Gamonal.

A estas alturas, alguno de nosotros, escupía maldiciones al viento por la “intensísima” media hora de caminata que llevábamos,

como las esquirlas que saltan al frotar un pedernal con un metal cualquiera.

Desde la plataforma de Gamonal acometemos un corto descenso para a continuación llanear con rumbo directo al refugio de Vegarredonda (1500 msnm y 1h. y 10’).

Todo este trayecto está perfectamente señalizado y definido, y no implica problemas de ningún tipo a quien lo recorra.

Una vez alcanzamos el impresionante paraje que alberga al refugio,

realizamos la parada de rigor,

siempre con la niebla como leal compañera,

como suele ser habitual por estos enclaves excepcionales.

Tras tomar un rápido piscolabis

abandonamos el oasis de Vegarredonda visualizando nuestro siguiente hito, el Mirador de Urdiales.

Por la parte trasera del refugio encontramos una bifurcación que salvamos a la derecha,

obviando la dirección Fuente Prieta y Jou Santo,

dirigiéndonos diagonalmente hacia el canalón de Cuenye Cerrada.

Paso a paso remontamos los pedregosos toboganes que,

tras 2h. de pateo nos deposita en el collau Forcau (1650 msnm).

Desde aquí se dice que el Cotalba se muestra cercano y desafiante.


Y habrá que creerlo,

aunque en esta ocasión,

nuestra amiga y compañera

difuminaba los relieves y las distancias, en un halo blanquecino y húmedo.

Por un camino muy marcado y tras una leve bajada,

superamos los altibajos que dominan la zona llamada Campos de la Torga, en medio de un laberinto calcáreo de enormes peñascales.

Superando este tramo, alcanzamos la pradera de Ordiales,

presidida por un abandonado refugio de la desparecida Icona (1650 msnm y 2h. y 30’).

Aquí vemos los confortables que pueden llegar a ser las incómodas literas si se llega lo suficientemente cansado.

En diez minutos desde la cabaña

alcanzamos tras superar una pequeña subida el emblemático Mirador de Ordiales (1690 msnm).

Esta magistral balconada cuelga de un abismo de más de 1000 metros de caída vertical.

Aquí yacen los restos del honorable D. Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, con una emotiva leyenda grabada en un muro.

La vista desde el mirador se reducía a un impresionante océano de nubes de algodón, por el que parecía que se pudiese caminar.

Quien pudiera ser como Moises, para abrir las nubes como él abrió el mar Rojo,

y poder disfrutar de esta maravilla natural que enamoró al propio Marques de Pidal.

Nos despedimos del mirador, no sin antes disparar 2 fotografías, como buen francotirador, a esta esbelta chova que revoloteaba por los alrededores.

Retrocedemos unos metros hacia el refugio para iniciar el ascenso hacia el invisible pico.

El camino bueno para superar la distancia hasta la cumbre está hiteado hasta arriba y sale desde el refugio,

aunque servidores comenzamos a encarar la cima desde,

más o menos, un punto intermedio entre el refugio y el mirador.

La niebla alcanzó su máximo espesor en el justo momento de empezar el ascenso.

Y eso hizo que los últimos metros fueran apoteósicos.


Después de superar la trepada final,

alcanzamos la precaria cúspide del Cotalba, con sus 2028 metros sobre el nivel del mar

y tras 3 horas y 15 minutos, en la que hace las funciones de buzón montañero,

un bote de pimienta vacío rodeado por unas piedras.

Debido a las inclemencias del tiempo abandonamos la cumbre tras unos minutos,
y nos enfrentamos cara a cara

con la emocionante destrepada,


que con precaución fuimos superando entre risas y tensión,

hasta situarnos en la pradera de Ordiales.

Desde este lugar desandamos nuestros pasos hasta Vegarredonda,

por el camino de ida y con la satisfacción de habernos encumbrado en esta extraordinaria atalaya,

que hoy solo se dejó observar cuando estábamos sobre su punto más elevado.

Hoy visitamos la bella localidad de Pendones en busca de una excursión corta, que nos permita disfrutar de la reluciente mañana que planea sobre nuestras cabezas.

Desde Pendones, son varias las opciones que se barajan para recorrer la zona, aunque si como servidores solo se dispone de unas horas antes de volver a la civilización,

recomendamos esta hermosa ruta que, por un módico esfuerzo, nos conduce hasta las puertas de un lugar realmente gratificante, la vega Baxo.

Accedemos a Pendones por la carretera que comunica Pola de Laviana con el puerto de Tarna.

En esta carretera tras rebasar el pueblo de la Foz, vemos un desvío a la izquierda bien señalizado, que nos deposita en el punto de partida de esta aventura estival, Pendones.

Esta población transmite un aura de tranquilidad tropical,

que nos sume en el estado perfecto para afrontar esta agradable y sencilla pateada.

El comienzo de la ruta lo vemos señalizado a la entrada del pictórico pueblo.

Desde el panel indicador descendemos por un camino a la derecha, que en pocos metros nos obliga a cruzar el río por un puente.

Aquí se nos plantea la única duda del trayecto, que salvamos a la derecha, encauzando en ese momento el camino que, sin opción a perderse, nos situará en nuestro preciado objetivo.

Este paseo es perfecto para los días de verano en lo que el sol, en su máxima plenitud,

envía sus más agresivas hordas de rayos a la tierra, con el propósito de ennegrecer nuestros cuerpos y dar vida al planeta.

Los árboles entrelazados por sus copas,

forman arbóreos túneles que aíslan al caminante de la temperatura exterior,

sumiéndole en un ambiente fresco y boscoso durante la mayor parte del trayecto.

Continuamos la marcha obviando los diferentes ramales que surgen a nuestros flancos.

Para casi sin darnos cuenta y tras 1 hora y 10 minutos de refrescante pateo,

plantarnos en uno de estos parajes paradisíacos que nos sorprende gratamente,

por su extrema sencillez y por el despliegue de colores que haría palidecer al mismísimo arco iris.

La vega Baxo es una pradera rodeada de montañas que brilla con luz propia.

Se reparte en 2 niveles de altura, el primero, el más alto, disimula la verdadera plenitud de la vega,

mostrándonos un cuadro de pinceladas perfectas, aderezado por 6 cabañas de buen porte.

El segundo, el más bajo,

alberga en su fondo una gélida fuente con pilón,

que nos hace estremecer los dientes con el prime trago.

Riega esta parte de la pradera un discreto y sediento río que, en esta época del año, si hablase,

pediría a voces algo más de agua que surcase sus entrañas.

Desde este maravilloso lugar se presenta la posibilidad de alargar la caminata hasta el pico Maciéndome,

aunque hoy no será el caso, debido a nuestras inexorables ocupaciones vespertinas.

Así que, dejamos anotado en la libreta de causas pendientes al Maciéndome, prometiendo relatarlo a medio plazo,

y nos regodeamos un rato más en la vega mientras llenamos el buche y memorizamos el entorno que nos rodea.

Una vez satisfechos física y mentalmente, emprendemos la retirada por la huellas de la ida,

con el cuerpo descansado y con la mente lo suficientemente relajada como para levitar.

Solo despedirnos recomendando sobremanera este reconfortante paseo, que aporta mucho más de lo que exige,

acercándonos en poco tiempo, a un lugar digno de elogios,

perfecto para pasar unas horas lejos de la dudosa civilización.

Situado a 5 km. de Llanes, en unos de los parajes más paradisiacos del Oriente de Asturias, con acceso directo a la Playa de Troenzo y a escasos metros de Playa Borizu y Playa Barro. A nuestras espaldas la sierra del Cuera con bonitas rutas y a 30 minutos los Picos de Europa.
Integrado en la naturaleza gracias a su gran variedad de árboles, más de 1,000 de 100 variedades diferentes, y a su construcción en piedra



4,92€ 5,67€
2 Noches ……. 5%
3 Noches ……. 10%
5 Noches ……. 20%
NIÑOS DE 2 A 12 AÑOS AUTOCARAVANA
3,85€ 8,03€
Solo Temporada Baja
para acampada
TIENDA INDIVIDUAL MOTO
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TIENDA FAMILIAR TOMA DE CORRIENTE
5,24€ 3,21€
COCHE DUCHAS AGUA CALIENTE
4,92€ 0,0 €
7 % IVA Incluido
Temporada Alta: Semana Santa, Puente de Mayo y del 15/06 al 15/09.
Temporada Baja: Resto del año.
Cerrado del 15/12 al 30/02
Teléfono: 985401672
7:30.AM.- Salimos hacia la localidad de Soto de Agues con la intención de coronar la cima del pico Corbellosu.

Después de dos intentos fallidos, uno por la ruta del Alba y otro por el Raigosu, avanzamos ilusionados hacia el tercer eslabón que ascendemos de la interesante Sierra del Crespón.

Las predicciones vaticinadas por los hombres del tiempo, auguran una mañana de lujo para afrontar esta dura aventura.

Dura por las condiciones del terreno y porque partíamos con un hándicap considerable, estar de vuelta a las 15:00.PM para cumplir con inexorables obligaciones.

8:00.AM.- Comenzamos la pateada desde el aparcamiento de Soto de Agues, enfocando los poco más de 3 kilómetros de pista por les foces de Llaímo, o ruta del Alba.

8:40.AM.- Llegamos a la fuente donde abandonamos la popular ruta, para dirigirnos hacia la derecha, por una pista que asciende muy visible y a pocos metros de la citada fuente.

El camino aunque no está señalizado no tiene perdida.

Nos subimos a lomo de la pista para no abandonarla hasta que se difumine ante nuestros pies.

Desestimando todos los desvíos que surjan a nuestros flancos, llegamos a una pequeña pradera que preside una cabaña,

en la que tomamos un merecido descanso, después de afrontar el duro rompe piernas que separa la ruta del Alba del fin de la pista.

Por esta escalera, no perdón, por esta pista, da la sensación en alguno de sus tramos, de que vamos a tocar con la punta de la nariz el artificial pavimento del suelo, debido a la brusca inclinación.

Las cabañas y la arboleda se reparten por el camino haciendo el repecho más llevadero por su belleza y por sus curiosas sombras.

9:40.AM.- Comenzamos el descanso después del duro recuesto, con la espalda sujetando la cabaña y con la vista al frente del elegante Corbellosu, además de, a la derecha, el Cogollu y el Guanalón.

10:00.AM.- Fin del recreo. Desde esta pequeña pradera son dos las opciones que se nos presentan: la primera, la mala, la que tomamos servidores, y la otra, la menos mala.

La menos mala consiste en un camino que baja la montaña hasta el río, para luego subir a la collada que está a la izquierda del Corbellosu.

Estos necios atravesamos la pradera dejando nuestro objetivo a la derecha y seguimos un camino que, después de atravesar una selva de helechos, nos sumergió en un bosque de resbaladiza hojarasca.

Tras superar los mil y un obstáculos del bosque, conseguimos abrirnos paso entre la maleza y llegar a la vera del río.

Los caminos son innumerables e inescrutables, desintegrándose en poco tiempo ante la impresionante vegetación.

Nunca vimos tanto helecho en la vida.

Los tallos más desarrollados acariciaban nuestras axilas, a la vez que borraban los caminos, haciendo la ascensión a esta ladera mucho más dura de lo que pudiéramos imaginar.

Sin camino, empapados en sudor e intentando desembarazarse de este marrón lo antes posible, vamos dejando el río cada vez más abajo, aunque a la collada pareciese que nunca íbamos a llegar.

Hay que decir que el artículo que leímos en el periódico el día antes, advirtiendo detalladamente sobre las consecuencias que acarrean las picaduras de las garrapatas que se alojan en los helechos, la verdad, que no ayudo nada a superar este frondoso bosque helechal.

La anécdota del día fue el avistamiento de un buitre leonado tan grande como un hidroavión, que sobrevolaba la zona con gastronómicas intenciones.

Aquí el verdugo...
Fue pocos metros más tarde cuando empezamos a oír los siniestros lamentos de una pequeña cabra.

y aquí, entre la vegetación, la victima.
Seguimos el fúnebre balar hasta detrás de unas rocas y vimos lo que nos temíamos.

El animal se encontraba en muy mal estado y con una pata rota. La suerte estaba echada, no se podía hacer nada por ella, así que continuamos nuestro camino al igual que continúa el ciclo de la vida.

12:00.PM.- Tras dos horas de engorrosa marcha, dejamos atrás las garrapatas, y alcanzamos por fin, la collada que nos sitúa al inicio de la trepada que nos separa de la cima.

La roca y la vegetación se reparten la montaña haciendo algo costoso y muy entretenido el ascenso.

Algún que otro hito señala la dirección, pero no muchos, así que tanteando el terreno avanzamos hacia la cumbre.

Con la prudencia que exige esta espectacular montaña, remontamos los últimos metros que nos distancian de la cima.

12:40.PM.- Y por fin coronamos la cúspide del impresionante Corbellosu (1282 msnm.)

tras una dura caminata de 4 horas y 40 minutos desde el coche y todos los planes horarios destrozados por las circunstancias.

Tomamos un rápido piscolabis mientras nos deleitamos fugazmente con el pintoresco paisaje que se disfruta desde esta privilegiada atalaya.

Con el reloj recordándonos que no llegamos a la hora ni en tirolina,

emprendemos el descenso hasta la collada para,

desde ahí, encauzar el camino que se veía más definido desde la cumbre.

Pero lo único definido es que era imposible llegar a casa a las 15:00.PM.

13:00.PM.- Destrepamos la montaña hasta la collada

y acometemos la bajada hasta el río por el camino que confiábamos nos dejase a su vera.

Pero claro, tampoco era así. La pelea contra el helecho y sus pequeños inquilinos fue brutal.

Lo de se hace camino al andar, aquí viene de perlas, porque los senderos que existen, en pocos metros desaparecen humillados ante la espesa vegetación.

Sufriendo las agrestes condiciones del terreno conseguimos llegar a la vera del río, dejando atrás solo la mitad de nuestros problemas.

La otra mitad está en ascender la loma que separa el río de la pradera con la cabaña donde hicimos la primera parada.

Más de lo mismo, caminos que desaparecen, y por pesado que parezca, más y más helecho en un tramo de desnivel considerable.

Campo a través llegamos a la pradera extasiados tras superar la pequeña penitencia dejada atrás.

14:00.PM.- Desandamos la pista rompe piernas que nos depositará en la ruta del Alba, al lado de la fuente.

14:40.PM.- Finaliza la dura bajada en la que nuestro tronco inferior se ve sometido a una dura prueba y comenzamos a volar por les foces de Llaímo.

15:10.PM.- Soliviantamos los 3 kilómetros del Alba y nos despedimos de la zona orgullosos, cansados y satisfechos de la inolvidable cumbre y su sufrido acceso.

15:30.PM.- Visto lo visto, llegamos a la civilización retrasando nuestros quehaceres en tan solo media hora.

Y recomendando la sensacional travesía, eso sí, llevándola a cabo durante un día entero, para cansarse menos y recrearse más.

Hoy un domingo cualquiera del inestable mes de junio, visitamos el lugar más emblemático del territorio Asturiano, Covadonga y sus lagos.

Montamos el campamento base en el Campo La Tiese (1106 msnm), desde donde el glacial lago Ercina muestra todos sus innumerables encantos.

Accedemos al exuberante lago tras 13 km. de sinuosa y recalentada subida,

que pone a prueba nuestros ancestrales vehículos hasta límites insospechados.

Comenzamos la andadura por un camino bien señalizado que responde al nombre de PNPE-4 y que nace a la margen izquierda del Ercina.

Desde su comienzo, el camino continúa hasta la vega de Ario, nuestro primer hito,

Pedazo de Vitorino
muy bien definido y sin poner a prueba nuestro poco evolucionado sentido de la orientación.

El sol, durante casi todo el trayecto, vence por puntos a las nubes, exponiéndonos a un día envidiable para recorrer estos pedregosos terrenos.

Los primeros metros del itinerario los ocupa un escenario mixto, en el que se entremezclan farallones rocosos,

envidiables cabañas, y un despliegue arbóreo que,

junto con la gratificante visión del lago a nuestros flanco derecho, forman el lienzo soñado por el más reputado paisajista.

Nos elevamos bajo el pico Llucia hacia el collado Cuenye Las Bobias (1300 msnm) y llaneamos a continuación entre una superficie de retamas, hacia la contigua majada de Las Bobias (1250 msnm).

Esta zona de apetitosos pastos exhibe rústicas cabañas, diseminadas a lo ancho de la mullida pradera.

Es aquí donde nos encontramos con un amigable cuadrúpedo que, como si fuese un futbolista de élite,

o mejor, más amable, se hizo la fotito con 4 ejemplares, mostrando su mejor cara; pero, ¿Cuál de ellos es el más burro?.

Rebasamos una peculiar fuente para acometer un nuevo repecho, que nos sumerge en una sesgada travesía que desemboca en el cauce del arroyo Llaguiniellu (1300 msnm).

En este lugar, sobre todo a la vuelta, es fácil desviarse por el camino que se bifurca con dirección a la majada de la Redondiella, ubicada en un plano más profundo.

Remontamos los recuestos de les Reblagues, zigzagueando sus retorcidos virajes entre un caos de peñascales y vallinas de compleja orografía.

Avistamos en poco tiempo la collada de Jitu (1650 msnm), que coronamos tras superar un nuevo remonte.

La ruta, como en todo su recorrido, continúa señalizada con marcas e hitos que, junto con la buena definición de la pedregosa senda, nos va acercando a la tabla de orientación.

Nos sentimos insignificantes ante la extensión del mosaico que forman las rocas, junto con los diferentes tonos de verde que riegan la zona.

El conjunto es espectacular desde que empieza hasta que acaba, sumiéndonos en un estado realmente apacible.

El Jultayu
En la tabla de orientación, alojada en el suelo,

es obligatoria la parada para contemplar las asimétricas siluetas de las majestuosas montañas del macizo central, ensambladas sobre la impresionante garganta del río Cares.

En pocos minutos el nítido sendero,
nos conduce sin complicaciones a nuestro primer hito, la vega de Ario (1630 msnm) tras 2h. y 10’ de pateada.

Este remanso de paz en forma de pastizal, alberga en su parte más septentrional, el afamado refugio del Marqués de Villaviciosa.

Repostamos energía en el acogedor refugio, acompañados del amable y enrollado guarda,

el tiempo necesario para imbuirnos de la inapelable belleza, a la que se ve sometido en este lugar el afortunado excursionista.

Nos despedimos apenados de la vega de Ario, enfocando con decisión nuestros siguiente objetivo, el Jultayu.

Cruzamos la vega con dirección sur hacia los jous de Cistra,

encauzando el visible y señalizado sendero hacia la canal de Trea.

Con la inestimable ayuda de la pintura amarilla y los hitos,

vamos librando la encarecida y entretenida batalla,

contra el escarpado laberinto de hoyos y rocas,

hasta alcanzar el collado Cruces (1571 msnm).

En este lugar se presenta la opción de descender la harchiconocida canal de Trea hasta el Cares,

opción que desestimamos, optando por los últimos repechos que, por un módico esfuerzo,
nos encumbran en la cúspide del estimado Jultayu,

con sus 1940 metros sobre el nivel del mar,

y después de 1h. y 20’ desde el refugio, y casi 3h. y 30’ desde el lago.

La vertiginosa cima muestra todo su mareante esplendor hacia la vertiente de Caín,

donde su pavoroso abismo de 1400 metros de caída libre,

nos hace sentir con el gigante Goliat cuando se enfrentaba a David.

Los horizontes se antojan desde aquí infinitos.

Las panorámicas hacia los 2 macizos de los Picos de Europa,

junto con los 360º de escabrosa visión, aportan a este agradecido pico una belleza de proporciones bíblicas.

Tras disfrutar la cima puerilmente junto con un numeroso grupo de montaña de Oviedo,

escapamos por patas delante de la vaticinada tormenta,

que ya escupe escuadrones de sus gotas sobre nuestras cabezas.

Acometemos el camino de vuelta sacándole algunos metros a los espesos nubarrones y la niebla, con un variante en el retorno.

Nos descolgamos directamente hacia el Jito, por uno de los varios caminos que nos acercan a la collada.

Aunque recomendamos que si no se conoce el terreno, se desanden las huellas de ida,

para evitar posibles complicaciones que empañarían esta gratificante e intensa aventura, que nos será muy difícil de olvidar.

Con la niebla y la tormenta sprintando contra nosotros,

en una carrera que decidirá el fotofinish,

desandamos el camino hasta el lago Ercina, tras 7 horas de apasionante caminata.

Como colofón, comentar que, 1 de los 2 ancestrales vehículos que citamos antes,

quedó gravemente herido tras afrontar la endiablada subida a los lagos.

Y acabó de expirar poco después de finalizar la bajada hasta Covadonga, teniendo que esperar ser rescatados por la inestimable grua.

Decimos esto para constatar que la durísima subida a los lagos,

más bien parece un acceso directo al paraíso…. Al paraíso de Covadonga.
Macizo Oriental o de Ándara
Casetón de Andara, 1725m: FCM, 18 plazas, guarda y comidas de julio a septiembre y bajo demanda en otoño y primavera. 689 897 014.
Cabañas de Áliva, 1500m: estado regular, algunas muy malo.
Macizo Central o de los Urrieles
Refugio de la Vega de Urriellu, 1960m: FEMPA, 96 plazas, guardado y comidas todo el año. 985 925 200.
Refugio del Jou de los Cabrones, 2035m:FEMPA,20 plazas, guardado y comidas de junio a octubre.650 780 381
Refugio de la Terenosa, 1315m: FEMPA, 24 plazas, abierto en ocasiones, llaves en propiedad del pastor que habita la majada contigua.
Cabaña de Amuesa, 1400m: 6 plazas, desmantelada, tarima en muy mal estado y huecos en el techo.
Refugio de Collado Jermoso, 2045m: FCLM, 29 plazas, guardado y comidas de mayo a octubre, parte libre para 16, 616 904 353.
Chalet-refugio Toño Odriozola de Áliva, 1665m: CANTUR, 70 plazas, establecimiento hotelero de montaña, abierto en verano. 942 730 999.
Refugio del cable, 1850m: CANTUR, planta inferior de un edificio en desuso, libre, 14 plazas sin comodidades.
Majada de Pedabejo, 1710m: 7 plazas, puerta, chimenea y tarima de cemento.
Cabaña de Liordes, 1870m: ICONA, 4 plazas, puerta.
Macizo Occidental o del Cornión
Refugio de Vegarredonda, 1420m: FAM, 68 plazas, guardado y comidas en verano y hasta octubre, así como fines de semana en invierno y primavera, parte libre para 24 enfrente. 985 922 952.
Refugio de la Vega de Ario, 1615m: FAM, 44 plazas, guardado y comidas en verano y hasta octubre, luego según demanda, parte libre a la entrada para 4. 639 812 069.
Refugio Cabaña de pastores en la Vega de Enol, 1100m: municipal, 15 plazas, guardado casi todo el año . 985 849 261.
Refugio de Vegavaño, 1320m: FCLM, 40 plazas, guardado en temporada estival y bajo demanda todo el año, parte libre a la entrada para 6. 987 740 082 / 616 904 353.
Refugio del Frade, 1690m: ICONA, libre, 16 plazas con chimenea y tarima metálica.
Refugio de la campera de Ordiales, 1725m: ICONA, 8 plazas, libre con literas sin colchoneta.
Chozo de Llos, 1530m: ICONA, 5 plazas, tarima y chimenea.
Cabaña de Pantivalles, 1225m: ICONA, 5 plazas y chimenea.
El puerto de San Isidro es uno de los pasos más usados en la Asturias Central para cruzar de la cordillera a la meseta.

Dada la existencia de una estación invernal de esquí es un lugar muy visitado en invierno.

Al fondo el Toneo
En verano lo es menos, aunque el montañero excursionista tiene allí grandes posibilidades

de ascender fácilmente los desniveles que le separen de las cumbre que conforman los techos de la zona.

Existen infinidad de cimas realmente atractivas y con panorámicas lo suficientemente bonitas como para justificar con creces la subida a estas apacibles montañas.

Hoy, servidores, acometemos una ascensión inolvidable a una de estas atalayas,

que nos encumbra en uno de los escenarios más diversos y espectaculares de la región Asturiana.

Comparten protagonismo en esta historia una gran montaña y un gran lago.

La cuenca lacustre responde al nombre de Ubales, y al murallón con forma de anfiteatro que protege el lago, lo llaman Cascayón.

Este par de prodigios naturales forman lo que se dice una pareja perfecta.

Esta aventura la realizamos en poco menos de 5 horas de sosegado pateo.

Tras rebasar el puerto de San Isidro con dirección León, nos fijamos a nuestra izquierda en un panel vertical que indica el comienzo de la ruta al lago Ubales por la pista Wamba.

Bajando del Cascayón con el Toneo al frente
Esta pista esta muy bien definida y no implica problemas de orientación a quien la recorra.

El camino en esta parte discurre sin repechos reseñables, así que sin esfuerzo y en poco menos de 1 hora nos acerca al collado Acebal.

Aquí vemos un refugio de cazadores ubicado a los pies de nuestro objetivo.

Desde este lugar, si la niebla lo permite, a la derecha o Este, se ve a tiro de piedra la próxima majada de Mericueria y la vecina vega de Brañagallones, insisto, si la niebla lo permite.

Encima de la cabaña atisbamos un poste que nos indica la dirección y el camino a seguir hasta el lago.

No hay posibilidad de perdida en todo el trayecto si se siguen las indicaciones.

Desde la cabaña faldeamos la montaña por el sendero que nos sitúa en una pequeña collada.

Este lugar nos permite atisbar la cuenca que alberga al Ubales, aunque no el lago en sí.

Solo queda descender unos metros y seguir el camino sin perder altura, cruzando la pedregosa ladera de la cara norte del Cascayón,

hasta situarnos a la vera del gran lago del Parque Natural de Redes.

Con la niebla jugueteando arriba y abajo,

quedamos prendados del Ubales por su sencillez y grandeza al mismo tiempo.

Para nosotros esta es una visita especial, por lo que disfrutamos la ocasión como se merece.

Después de repostar energías a la orilla del lago (1690 msnm)

y buscar algún tritón presumido que se deje retratar,

abandonamos el fabuloso Ubales con el estómago lleno, y por supuesto sin nada que se parezca a un tritón.

Nos dirigimos a la collada Ubales,

ubicada a la derecha del murallón que forma el pico Cascayón.

Y tras cruzar las cintas electrificadas que dividen el largo de la collada, delimitando así las zonas de pasto,

cogemos aire y procedemos a remontar la intensa subida que paso a paso nos acerca a la ansiada cumbre.

Tras superar el duro desnivel del primer tramo, el oxígeno nos llega en forma de felicidad,

cuando vislumbramos abajo, y a la izquierda, la impresionante silueta del gran lago azul a nuestros pies.

Continuamos la marcha acometiendo los últimos metros que nos separan de la privilegiada cima.

Y en pocos minutos se abre ante nosotros la belleza elevada a la máxima potencia, la cumbre del Cascayón,

con sus 1951 metros sobre el nivel del mar, y tras 2 horas y 30 minutos de itinerario.

Una vez alcanzamos el punto más elevado del pico, con el lago al norte

y el refugio de cazadores al sur,

la boca se nos abre y las pupilas se dilatan al descubrir la hermosura que reserva la cumbre para sus visitantes.

No importa la impresionante vista del Ubales desde el buzón montañero que adorna la cima.

No importa que los Picos de Europa, con el Peña Santa de Castilla al frente, den la sensación de poder alcanzarlo estirando nuestros torpes brazos.

No importa ver los impresionantes bancos de niebla que cubren los cercanos valles.

No importan los problemas y responsabilidades que tenemos abajo, en la civilización, ya que ahí se quedan cuando visitamos la montaña.

Solo importa la exclusiva sensación de plenitud y libertad que recorre nuestro cuerpo,

todos y cada uno de los días que nos sentimos en contacto con la madre superiora, la Naturaleza.

Henchidos de todas esas cosas inmateriales que nos son tan necesarias para la vida como el beber y el comer,

disponemos nuestros pasos montaña abajo, disfrutando del descenso con aptitud pueril,

hasta conectar con la pista Wamba,

encargada de conducirnos hasta el punto de partida de esta magistral e inolvidable aventura.




| 01 | DESCRIPCIÓN | Situado a 7 kms. de la Ruta del Cares y del inicio de las más conocidas ascensiones a los Picos de Europa, entre las que destaca el famoso Naranjo de Bulnes o Picu Uriellu. También se encuentra a tan sólo 25 minutos de las hermosas playas de Llanes.
Abierto del 6/3/09 al 1/11/09, a excepción de los bungalows abiertos del 4/12/09 al 8/12/09. |
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| 02 | HABITACIONES | Tenemos alojamiento en cabañas de 4 literas, con armario, mesa, sillas y porche cubierto, con capacidad de 1 a 4 personas,no se facilita ropa de cama.
Bungalows dotados de porche, cocina equipada, nevera, baño completo, salón con sofá, cama y televisión, dormitorios con ropa de cama y calefacción, de 2 a 6 plazas. |
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| 03 | TARIFAS | La Temporada Alta comprende Semana Santa y del 1 de Julio al 31 de Agosto. La Temporada Baja, el resto del año.
Camping Temporada Baja Cabañas Temporada Baja Bungalows Temporada Baja |
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| 04 | RÉGIMEN | 7% IVA incluido en los precios. | |||
| 05 | OBSERVACIONES | NO SE ADMITEN PERROS EN LAS CABAÑAS Y BUNGALOWS. Los precios incluyen I.V.A (7%) |
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| 06 | RECOMIÉNDANOS | [Recomienda este alojamiento a un amigo] | |||
| [ VISITAS desde el 1 de mayo de 2003 : 89527] [RECOMENDACIONES desde el 12 de abril 2008 : 30] | |||||
EL TORREON DE LOS ACEALES
O
TORREON DE VILLAMOREY
Sobre el actual pantano levantado por Cadasa para regular y llevar el agua a las grandes poblaciones de Asturias, en detrimento del propio valle bajo del Nalón, se encuentra situado sobre el farallón del río un derruido torreón que, a poco que los organismos quisieran, podría ser fácilmente restaurado. Es parte de la historia coyana. La leyenda dice que tiene origen romano; que constituía, al igual que el de El Condado, una serie de torres difícilmente accesibles desde las cuales se advertía por medio de señales de humo, la posible presencia de enemigos…
Por lo que se refiere a este torreón, visible desde la carretera de Laviana a Caso, hay quien dice que procede del siglo XII y que se llamaba o definía como el Castillo de Sobrescobio, y que en el siglo XV se llamó el Castiello de Tielva. Ahora, hay quien le dice “Torreón de los Aceales”, negando otros está definición.
Este cronista, para cerciorarse de lo que se decía, quiso ver el asentamiento del castillo o torreón, habida cuenta que personas coyanas contaron y acaso cuentan que el solar asentó un castillo; cosa que desde lejos no puede apreciarse, que más es una torre.
Y es así. El espacio en que se encuentra asentada la muralla, que nunca pudo ser castillo, sino, como mucho un torreón semejante a la forma de un centauro: la parte delantera, erguida, la restante, más baja y alargada.
Esta es la forma del Torreón, cuya dimensión interior (considerando que existiese sin derruir parte de sus muros) no es sino de 6 a 8 metros cuadrados, como mucho. Eso sí, desde la base a la cima del muro, la altura es de varios metros. Y reciamente construidos. Sin embargo, los años y el tiempo han hecho que este torreón aparezca carcomido por distintos puntos de su construcción.
En el verano de 1994, el alcalde del municipio, Ismael Méndez manifestó que Cultura iba a restaurar este monumento y, como el de El Condado, declararlo “bien cultural y patrimonial”, pues es de los pocos restos medievales de la Orden de Santiago que existen en Asturias.
El mismo alcalde nos contó que en el Monte Corona existe localizado un castro, que fue catalogado en 1945. La Carta Puebla de Sobrescobio, que databa de 1344, desapareció después de la guerra, por supuesto, la guerra civil de 1936-39.
Igualmente nos manifestó el señor Méndez que el puente de origen romano de Soto y Agues, cuyos pretiles fueron abatidos por permitir el paso de vehículos inadecuados, iba a ser reparado, de acuerdo a sus primitivos modelos.
No apuntamos criterios ni a favor ni en contra a las palabras del señor alcalde de Sobrescobio. Lo que se haga, si se hace algo, ya se verá.
“En 1996, cesado el referido alcalde, todavía no se iniciaron las obras de restauración del puente de Soto de Agues, ni del Torreón de los Aceales… si es que alguna vez van a hacerlo.”
En tierras de Sobrescobio,
yérguese torre soberbia;
para unos, de romanos;
para otros, fortaleza
de los reyes asturianos,
pero de cierto se cuenta
que, con varios nombres, siempre
es y ha sido una leyenda…
¡Nunca castillo habitado,
nunca solar ni conciencia;
A lo más, desde lejano,
torre guardando la senda
sobre el farallón rocoso
del Nalón, que la contempla!
¡No castillo, sino torre
de reducida presencia;
Altozano levantado
contra invasores de guerra!
Los siglos no la vencieron
ni menguaron su estrategia,
ni su espacio, ni sus hechos
ni su redondez de piedra…
Desde los tiempos de Roma,
sigue portando su fuerza…
Torre ayer, hoy sigue torre y
sigue al viento risueña.
Si herida del abandono,
y herida de turba y hiedra,
lleva aún la reciedumbre
de su pétrea fortaleza…
¡Le faltarán muchas partes,
pero con sol, lluvia o niebla
siempre ha de verse en lo alto
del escobio en que se asienta!
La historia aguarda celosa
de otros tiempos y otras fechas
si fue torre o fue atalaya,
si fue castillo o fue celda;
si fue romana o fue mora
o fue cristiana conversa…
La historia guarda el secreto
que ahora el tiempo acrecienta.
Los Aceales (la torre
sigue con el viento a cuestas)
en el roquedal nativo
que algunos le dicen Tielva.
¿Castillo de Sobrescobio…?
¡No es un castillo una celda,
ni es castillo un baluarte
-aunque tal nombre pretendan-.
Ni es castillo un promontorio
que sobre el tiempo se ofrezca!
Torre circular al viento con
una abatida estela,
no debe llamarse nunca
castillo ni fortaleza…
En tierras de Sobrescobio
yérguese torre soberbia,
cuya historia no se sabe
ni se describe en las piedras,
y no basta que se cuente
lo que dicen las leyendas,
aunque, a la postre, resulte
que entre leyendas y fechas,
alguna voz tome cuerpo
y presagie consecuencias…
En el farallón rocoso
la torre avizora estrellas,
que entre enigmas van cerrando
los resquicios de las puertas…
La torre sigue en silencio,
como una tumba desierta…
De Albino Suarez
Documentación sacada del libro de la Colección “El Alquimista”, Nº 9 Temas de Asturias.
Albino Suarez

Acogedora casa de nueva construcción respetando el estilo tradicional de la zona, con una cuidada decoración y un completo equipamiento pensado para que tengas una agradable estancia en los Picos de Europa.
Situada en una zona tranquila de Carreña, capital del concejo de Cabrales, es una buena opción para realizar multitud de rutas a pie sin necesidad de coger el coche.
Encontrarás también en Cabrales una amplia oferta gastronómica, en la que destaca especialmente el Queso de Cabrales y la sidra natural.
No se aceptan animales en la casa.

La casa cuenta para su comodidad con el siguiente equipamiento:
- 2 habitaciones dobles.
- Baño completo.
- Calefacción y agua caliente.
- Amplio salón con chimenea (leña con cargo).
- Cocina completamente equipada, vitrocerámica,
lavadora, frigorífico, microondas. - Televisión, DVD y equipo de música en salón.
- Pequeña biblioteca con información de la zona.
- Ropa de cama y menaje completo de cocina.
- Cuna disponible previa petición.
Limpieza a la entrada y ropa de cama disponible para cambios. LA CASA SE ALQUILA COMPLETA.

La casa está situada en una zona rural dedicada principalmente a la ganadería, por lo que podrás conocer la vida rural, los animales y las costumbres tradicionales de sus habitantes.
La situación de la casa permite acceder en poco tiempo a los principales atractivos del Oriente de Asturias. Destacan especialmente, el Parque Nacional de los Picos de Europa para disfrutar de la montaña y la costa del Cantábrico que te permitirá disfrutar de infinidad de playas y pueblos marineros como Llanes y Ribadesella.
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Carreña de Cabrales s/n |
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01 DESCRIPCIÓN El Hotel Picos de Europa está situado en Arenas de CAbrales, bella población del extremo oriental del Principado de Asturias, a orillas del río Cares y en el Parque Nacional de los Picos de Europa.
El Hotel está estratégicamente situado para explorar este área de magníficos paisajes en dónde los Picos alcanzan unas alturas de casi 3.000 metros y en donde las nieves perpétuas, los valles y las gargantas ofrecen unas de las mejores vistas de Europa.
En nuestro hotel tenemos servicio de restaurante y le ofrecemos la posibilidad de degustar comida típica asturiana.
Esta zona ofrece innumerables posibilidades de realizar diversas actividades en la naturaleza, desde la Ruta del Cares a la subida al mítico Naranjo de Bulnes, excusiones a caballo, en 4 x 4…
02 HABITACIONES Habitaciones dobles: 28
Habitaciones sencillas: 2
Habitaciones con posibilidad de cama adicional: 6
03 SERVICIOS Habitaciones con baño, televisión, minibar y calefacción. Restaurante, cafetería, cocina casera, televisión parabólica, sala de lectura, aparcamiento, jardín, terraza, piscina, admite tarjetas de crédito.
04 ACTIVIDADES Senderismo, pesca, descensos en canoa, rutas en quads, rutas a caballo, escalada, rutas en bicicletas de montaña, rutas en 4×4, visitas guiadas, descenso de cañones.
05 TARIFAS Temporada extra:
Habitación dobles: 99,00 eur
Habitaciones sencillas: 79,20 eur
Temporada alta:
Habitaciones dobles: 89,00 eur
Habitaciones sencillas: 71,20 eur
Temporada media:
Habitaciones dobles: 71,00 eur
Habitaciones sencillas: 56,80 eur
Temporada baja:
Habitaciones dobles: 59,00 eur
Habitaciones sencillas: 47,20 eur
06 RÉGIMEN Los precios hacen referencia a régimen de alojamiento e I.V.A incluido.
07 OBSERVACIONES No se admiten animales.
08 RECOMIÉNDANOS [Recomienda este alojamiento a un amigo]
[ VISITAS desde el 9 de mayo de 2003 : 46996] [ RECOMENDACIONES desde el 12 de abril 2008 : 3]
-¡Vaya pasada!, ¡Buff, impresionante!, ¡¿Viste eso oh?!.

Estas y otras coletillas fueron las palabras que más salieron de nuestras bocas este Domingo.

Mientras recorríamos a contracorriente los 12 Km. de ida, Poncebos-Caín,

y los 12 Km. de vuelta, Caín-Poncebos, de la portentosa obra de ingeniería civil,

que recorre la no menos portentosa obra de ingeniería natural,

que forma la divina garganta del rio Cares.

Esta obra de proporciones propias del más apoteósico Imperio Romano,

fue horadada entre impresionantes murallones de roca.

Comenzamos esta magistral aventura con un sol de aspecto límpido, embadurnados de crema,

con las energías a rebosar, y dispuestos a deleitarnos de todo lo que ofrece este magistral coloso.

Después de recrearnos con la bella población de Caín y del día estival que nos envuelve,

atravesamos la presa que tapona la entrada, en Caín,

para continuar el camino entre expléndidas oquedades labradas en la piedra.

Todo el trayecto debe su origen al canal de agua que, de 1917 a 1924,

construyó la Electra de Viesgo para alimentar la central hidroeléctrica de Puente Poncebos,
y junto al cual discurre en ocasiones el camino seguido habitualmente.

Con posterioridad, en la decada de los años 40, Eugenio Guallart le dio su actual configuración,

al convertir lo que en un principio era una arriesgada senda, en un agradable paseo.
Del antiguo grado de peligrosidad de estas paredes, da fe Don Pedro Vidal,

Marques de Villaviciosa, en su libro sobre los Picos de Europa.

Comentaba que una de las funciones de las aguas color esmeralda del Cares era la de recoger a los despeñados.

Según él, el guía Lorenzo, hombre de poco más de 40 años, conocía, solo de Caín 14 victimas.

Hay que tener en cuenta que en aquel entonces, a comienzos de siglo XX,

habitaban Caín unos 20 vecinos, lo que hace este número aún más notable.

El propio guía lucía en la cabeza una gran cicatriz producida en un accidente,

y había perdido en la construcción del canal, en 3 meses, a su madre y a 2 tíos.

Hay un dicho popular que reza: los de Caín no mueren, se despeñan.

Aunque esto forma parte de la historia más triste de esta maravillosa infraestructura,

no debemos sentir preocupación por nada de esto, el camino es seguro, aunque vertiginoso,

y puede ser disfrutado por toda la familia si se adoptan las más elementales normas de prudencia.

Hay una, especialmente: no acercarse mucho a los bordes.

Será preciso, no obstante,

prestar meticulosa atención en los pasajes más aéreos del recorrido,

si se va acompañado de niños.

Una vez se han dejado atrás los inconcebibles túneles que están próximos a la presa,

el puente de los Rebecos permite pasar al caminante a la margen derecha del río,

y un poco más allá, el de Bolín, de nuevo a la izquierda.

Los dos tienen estructura metálica y bajo ello se abre el abismo con un Cares espumeante como fondo.

Por ambos lados descienden profundas brechas de roca,

surcados por cursos de agua nacidos en lo alto de los macizos.

La zona situada entre la canal de La Raiz y los prados de Culiembro

"culiembra" asesinada a mitad de camino
es la que debieron atravesar los musulmanes 13 siglos atrás,

después de la mítica batalla de Covadonga.

El camino que hasta ahora ha seguido rumbo Norte,

gira hacia el Este abandonando la provincia Leonesa y adentrándose en Asturias.

Después de atravesar la Riega del Saigo, comienza a ascender hasta los Collaínos,

para luego descender por el otro lado hasta Poncebos.

la luna saludando bien temprano
Esta es la ruta habitual, aunque servidores en esta ocasión la realizásemos al revés.

De la 1ª parte del trayecto, a causa de un problemilla con el equipo fotográfico,

osea el movil, no tenemos imágenes.

Aunque la extraordinaria fisonomía que muestra la divina garganta durante todo el itinerario,

proporciona material más que suficiente para animar a realizar la incomparable travesía,

a todas las personas que no han disfrutado de este derroche de simetría que no admite parangón.

Sorprendentes túneles climatizados naturalmente,

cascadas de anuncio,

un entorno arbóreo excepcional, una canal de agua que da compañía además de refrescar al excursionista,

y la sensación de estar en un lugar especial donde los halla.

Sus angostos pasillos están delimitados en casi todo el trayecto,

por caidas al vacio dignas del intrépido aventurero y piloto de avionetas Jimmy Angel,

que dio nombre a la mayor caída libre del planeta, El Salto Angel, Venezuela.

Y mucha, mucha gente que nos acompaña a lo largo de la ruta,
hacen que la llamada ruta de los buenos días,

se convierta para nosotros en la inolvidable ruta del: ¡VAYA PASADA!.





