La Peña del Viento 2000 metros.
2 Km. después de rebasar la estación de esquí de San Isidro con dirección Lillo,

nace a la margen izquierda de la carretera una ancestral pista de montaña que enlaza la venta de San Isidro con la aldea de la Felguerina.

Dícese de esta pista que remonta sus orígenes al extinguido imperio romano.

Y que posteriormente sirvió de enlace comercial para los arrieros que porteaban en ambos sentidos los preciados productos de la tierra.

Hoy en día esta pista, desde su comienzo hasta su final, tanto monta-monta tanto,

es para el montañero un paso estratégico hacia un pequeño paradigma de la biodiversidad Asturiana.


Dejamos atrás el espeso mar de nubes y niebla que cubría la carretera de acceso al puerto de San Isidro,

encontrándonos con un cielo inmaculado que techaba aisladamente el Valle de Wamba.

La niebla amenazante, rodeaba la zona con descaro, aunque las ingentes montañas que forman el circo del valle,

manteniendo una lucha encarnizada, retenían la masa nebulosa y blanquecina en una ardua labor.

Inmersos en este magnífico escenario, comenzamos la pateada que,

en poco más de una hora desemboca en la collada Acebal (1730 msnm), divisoria autonómica entre Asturias y Castilla León.
Unos metros atrás de este lugar, abandonamos la pista en busca de uno de los senderos que,

con rumbo oriental, o derecha,

nos conduce por un terreno mixto de hierbas y pedreras hasta el collado de Agujas (1842 msnm).


Esta extensa depresión está flanqueada por nuestro objetivo al norte

y el pico la Rapaína al sur.
Encaramos la corta ascensión que nos separa de la cúspide,

afrontando el pequeño repecho que nos acerca hasta los abultados resaltes calcáreos que protegen la volada cima.

Sin ninguna dificultad ya que el sendero llega prácticamente hasta la cima y con poco esfuerzo,



alcanzamos la cumbre de la Peña del Viento,

engalanada con este lustroso buzón montañero,

y que se alza 2000 metros sobre el nivel del mar,

después de superar las 2h. y 15’ de relajado pateo que separan el coche de esta gratificante atalaya.

En esta ocasión el Parque Natural de Redes, Brañagallones, el murallón del Cascayón

y los montes del Contorgán, entre otros, se ocultaban tras la niebla,

mostrándonos un paisaje sin apenas relieves,

pero con un encanto capaz de encandilar a los allí presente hasta límites insospechados.

Sin poder alargar la aventura debido al poco tiempo del que disponemos nos despedimos de la Peña del Viento

con pesar, por no poder acometer la cercana ascensión a la Rapaína,

aunque reconfortados por los 2000 metros que pusieron a nuestros pies las mullidas praderas

y los suaves planos que conforman el reconfortante Valle de Wamba.

El regreso lo emprendemos por las huellas de la ida,

mientras la niebla, que cortésmente nos respetó en la primera parte del trayecto,
invadió la zona en segundos mientras desandábamos nuestros pasos.

Con el valle cubierto por momentos,


regresamos al punto de partida tras realizar esta fácil y sencilla ascensión,

que por un mínimo esfuerzo nos hace alcanzar las más altas cotas de felicidad.


MUY GUAY JOSE PERO HAY Q MAQUETAR MEJOR EH
serbando y damian - octubre 8, 2009 a las 10:44 am |