Porrón de Cerrosa
Érase una vez la historia de dos montañeros, que salieron de casa con el propósito de encumbrarse en la cúspide del Cuetu Negru

y acabaron en la del Cantu del Oso.

El periplo de nuestros protagonistas da lugar en un camino de tractores que parte de algún lugar de la carretera AS-17 Avilés-Puerto de Tarna.

Encontraron la puerta a su aventura en una señal de prohibido circular que tenía una marca de pintura amarilla y blanca,

señal inequívoca que indica el acceso directo a una de las innumerables aventuras que ofrece la madre Naturaleza.

A nuestros amigos no les costó detectar la marca, solo visible a ojos de los seres iniciados, que se encontraba entre el mirador y el pueblo de Tarna.

Con la niebla matutina acumulada en la zona, y un cielo prometedor en segundo plano,

estos dos personajes comienzan su viaje obviando el primer desvío que surge a su izquierda, y continuando hasta situarse a la vera del río Nalón.

Tras cruzar el río por el metálico puente, se encontraron con algún pequeño repecho que se alternaba con tramos sin desnivel, perfectos para volver a llenar de aire sus pulmones.

El escenario arbóreo que los cubría en esta primera parte del trayecto, solo era el preludio de la inapelable belleza que los iba a acompañar durante todo el relato.

Ignorando los desvíos que surgían a derecha e izquierda, y después de tan solo 30’ de marcha, alcanzaron la inconfundible majada de La Ablanosa.


Este remanso de paz goza de una buena fuente y unas cabañas en un perfecto estado de salud.

Fue en este enclave donde la mole cuarcítica y negruzca que conforma el Cuetu Negru se dejo ver entre la niebla, con un aspecto fantasmagórico capaz de encandilar al más exigente montañero.

Continuaron paso a paso dejando atrás la luminosa majada, sin abandonar el camino principal,

hasta que vieron un indicador de madera que ponía “a la vega”.

Al lado de este poste de madera nace un sendero que sumergirá a los dos intrépidos excursionistas en un lugar mágico y especial, en el que el tiempo pareciera detenerse.

Este extraordinario lugar responde al nombre de Faucao, y no es otra cosa que uno de los más fabulosos bosques que se puedan recorrer.

Aislados del implacable sol que dominaba la mañana e imbuidos en la peculiar atmósfera que los envolvía,

avanzaban por el bosque escoltados por la inagotable imaginación de los árboles a la hora de desarrollarse en este pequeño pulmón Asturiano.


Una hora más necesitaron para atravesar el bosque animado de Faucao.

Lo hicieron sin apenas darse cuenta, ya que el ambiente hipnotico y fresco que cubre Faucao es inmejorable.

La imagen que se abrió ante ellos a medida que el bosque se difuminaba bien les pareció una alucinación.

Se dijeron si sería cosa de brujas al ver que, tras superar el bosque, una inmensa y herbosa pradera apareciese ante sus ojos.

La Vega Pociello brilla con luz propia, es un oasis en el mundo caótico que vivimos, y así lo saborearon nuestros aventureros.

Mientras reponían energías disfrutaban puerilmente de las imponentes montañas que flanquean la Vega.

A la izquierda el desafiante Cuetu Negru y a la derecha el atractivo crestón rocoso del Cantu del Oso.

Estuvieron un rato intentando localizar algún camino que les acercase a las faldas de la mole negruzca, pero la densa vegetación que cubre el monte por esa zona, hacía imposible localizar acceso alguno.

Así que, tras un momento de reflexión, decidieron dirigirse a los collados que forman el embudo de los montes que resguardan la Vega.

Para ello dejaron Pociello a sus espaldas,

cruzaron el río, y se subieron a lomos de uno de los senderos que,

entre una frondosa arboleda, urcias y felecho,

remonta los retorcidos y duros recuestos hasta los collados.


A cada paso que daban la duda se acentuaba, veían el Cuetu Negru en lontananza,

y al contrario, el Cantu del Oso, se insinuaba con unos cantos de sirena inapelables.

No sabían si consciente o inconscientemente pero sentían una fuerte atracción hacia el Cantu del Oso, semejante a la de los polos opuestos de dos imanes.

Tardaron desde Pociello 1h. en alcanzar los collados, y una vez lo hicieron, no vacilaron en la dirección que tomarían.

El Cantu del Oso ganó la puja por mayoría, no sin antes deleitarse con la sensacional vista del Valle del Monasterio y el Valle de Pociello.

Con las máximas existencias de ilusión, los dos excursionistas retomaron la marcha cruzando otra collada, hasta sentir el calor de la caliza que rozaba sus pies.

Se abrió ante ellos por primera vez la esplendorosa visión de la Vega de Brañagallones.

Esto les indujo la fuerza necesaria para, en poco más de 45 minutos desde los collados,

encumbrarse en los 1800 metros sobre el nivel del mar del Cantu del Oso.

Disfrutaron en la atalaya de una panorámica excepcional.


Se sentían más que recompensados por la caminata y cobraron la recompensa en forma de tiempo,

tiempo que se tomaron absorbiendo la energía de las cercanas montañas que se postraban ante ellos.

Visto desde arriba el crestón calcáreo era aún más espectacular,

y una protuberancia de ese crestón llamó la atención de nuestros dos protagonistas.

Abandonaron la cima con curiosidad,

ya que el pico que sobresalía les parecía que estuviese un poco más alto que el que acababan de visitar.

Así que sin más preámbulos pusieron rumbo a él,

acercándose en pocos minutos y tardando otros pocos más en coronar su cima.

El pico respondía al nombre del Porrón y se distanciaba del nivel del mar 1812 metros,

siendo necesaria una mini trepada para alcanzarlos.

Reconfortados por tan grata aventura,

y con los ánimos a rebosar, deciden iniciar el descenso bajando campo a través hasta la Vega Pociello.

El descenso, si cabe, todavía les resultó más ameno, bajaron por donde pudieron, saliéndose de la línea recta solo cuando el terreno los obligaba.


Esto les llevó a internarse en un pequeño bosque de gran belleza.



Dos o tres caídas fue lo que tardaron en cruzarlo.


Y a su fin les esperaba de nuevo la desestresante Vega Pociello


junto con un gran comité de anfitriones equinos muy sociables,

que les dieron la bienvenida a sus pastos de manera inolvidable.

Los caballos, como hechizados, acudían a la llamada que emitía en forma de susurros, el más joven de los dos protagonistas.



Después de una pequeña charla con los formidables ejemplares, decidieron que antes de entablar el regreso a casa, les regalarían a sus estimados pies un merecido masaje acuático en el gélido río de Pociello.

Solo tardaron unos minutos y la sensación placentera que experimentaron parecía mano de la providencia.

Tardaron lo necesario en reanudar el camino de ida, lo hicieron por el mismo sitio,

y de la que volvían a pasar por la Ablanosa, se despidieron del Cuetu Negru, pero no con un adiós, sino con un hasta luego.

Colorín colorado esta ruta se ha acabado.

rutón
el más joven de los dos protagonistas - agosto 13, 2009 a las 9:21 pm |
Si no me equivoco al mirar así un poco por encima vuestro reportaje de montaña, siento deciros que lo que vosotros llamais Cantu del Oso, me parece que es el Porrón de Cerrosa, o quizás Las Planas. El Cantu del Oso queda al final del todo de la Sierra de Pries (la margen derecha de la crestería a la que subisteis, mirando de frente y hacia abajo a la Vega de Brañagallones. Además el Cantu del Oso tiene una superficie más amplia y algo más llana, y está coronado por un gran buzón de cumbres cilíndrico de acero inoxidable.
Pero de cualquiera de las maneras, el reportaje es muy bonito y se nota que lo pasasteís bomba, que es lo que interesa.
Un cordial saludo.
santos - febrero 8, 2010 a las 6:35 pm |
Gracias por la aclaración Santos , otro día intentaremos llegar al canto del oso , un saludo de rutasasturianas.
Manolito Miranda , Josipu - marzo 1, 2010 a las 12:43 pm |